América Latina en un poema

Un gran himno para todo aquel que sepa de lo que aquí se habla 

Latinoamerica Calle 13




Soy,
Soy lo que dejaron,
soy toda la sobra de lo que se robaron.
Un pueblo escondido en la cima,
mi piel es de cuero por eso aguanta cualquier clima.
Soy una fábrica de humo,
mano de obra campesina para tu consumo
Frente de frio en el medio del verano,
el amor en los tiempos del cólera, mi hermano.
El sol que nace y el día que muere,
con los mejores atardeceres.
Soy el desarrollo en carne viva,
un discurso político sin saliva.
Las caras más bonitas que he conocido,
soy la fotografía de un desaparecido.
Soy la sangre dentro de tus venas,
soy un pedazo de tierra que vale la pena.
soy una canasta con frijoles ,
soy Maradona contra Inglaterra anotándote dos goles.
Soy lo que sostiene mi bandera,
la espina dorsal del planeta es mi cordillera.
Soy lo que me enseño mi padre,
el que no quiere a su patria no quiere a su madre.
Soy América latina,
un pueblo sin piernas pero que camina.

Tú no puedes comprar al viento.
Tú no puedes comprar al sol.
Tú no puedes comprar la lluvia.
Tú no puedes comprar el calor.
Tú no puedes comprar las nubes.
Tú no puedes comprar los colores.
Tú no puedes comprar mi alegría.
Tú no puedes comprar mis dolores.

Tengo los lagos, tengo los ríos.
Tengo mis dientes pa` cuando me sonrío.
La nieve que maquilla mis montañas.
Tengo el sol que me seca  y la lluvia que me baña.
Un desierto embriagado con bellos de un trago de pulque.
Para cantar con los coyotes, todo lo que necesito.
Tengo mis pulmones respirando azul clarito.
La altura que sofoca.
Soy las muelas de mi boca mascando coca.
El otoño con sus hojas desmalladas.
Los versos escritos bajo la noche estrellada.
Una viña repleta de uvas.
Un cañaveral bajo el sol en cuba.
Soy el mar Caribe que vigila las casitas,
Haciendo rituales de agua bendita.
El viento que peina mi cabello.
Soy todos los santos que cuelgan de mi cuello.
El jugo de mi lucha no es artificial,
Porque el abono de mi tierra es natural.

Tú no puedes comprar al viento.
Tú no puedes comprar al sol.
Tú no puedes comprar la lluvia.
Tú no puedes comprar el calor.
Tú no puedes comprar las nubes.
Tú no puedes comprar los colores.
Tú no puedes comprar mi alegría.
Tú no puedes comprar mis dolores.

Você não pode comprar o vento
Você não pode comprar o sol
Você não pode comprar chuva
Você não pode comprar o calor
Você não pode comprar as nuvens
Você não pode comprar as cores
Você não pode comprar minha felicidade
Você não pode comprar minha tristeza

Tú no puedes comprar al sol.
Tú no puedes comprar la lluvia.
(Vamos dibujando el camino,
vamos caminando)
No puedes comprar mi vida.
MI TIERRA NO SE VENDE.

Trabajo en bruto pero con orgullo,
Aquí se comparte, lo mío es tuyo.
Este pueblo no se ahoga con marullos,
Y si se derrumba yo lo reconstruyo.
Tampoco pestañeo cuando te miro,
Para q te acuerdes de mi apellido.
La operación cóndor invadiendo mi nido,
¡Perdono pero nunca olvido!

(Vamos caminando)
Aquí se respira lucha.
(Vamos caminando)
Yo canto porque se escucha.


quí estamos de pie
¡Que viva La América!

No puedes comprar mi vida.


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Gente de América y Mujer Cayapa



El amorfino

Por el Día Mundial de la Poesía (21 de marzo) tuve la oportunidad de conocer personalmente al poeta montubio ecuatoriano Dumas Mora y a su discípula Alejandra Cusme. Del encuentro con ellos y con el amorfino surge este texto. 


Dumas es uno de esos hombres inolvidables: portador de su cultura, de su monte y de su historia, irrumpe en cualquier escenario revestido de una fuerza engendrada en su yo. Es él la viva imagen del pueblo montubio y del amorfino hecho hombre. Su humor descarado y directo, incomoda en lapsos al espectador, y por más de que en apariencia, la distancia entre él y aquel que oye luzca en extremo corta, se debe rescatar que es ese el valor del amorfino: el de hilar amores, pasiones y venganzas, de crear espacios comunes y de despertar el diálogo entre los hombres. Esto, mientras Ale juega el rol del amorfino incorporado en la ciudad, en la teoría y en la academia. Incorporado en la mujer y en la actualidad. Entendido en ella. De este modo, ambos viven una sólida unidad de poesía nacida en el campo, que ahora vaga en distintos rumbos hallando nuevos ojos y voces. 

 
DUMAS MORA



Frente a su encuentro y como ejercicio literario obligado, debí escribir un amorfino, que no lo es en definitiva, pero que busca resumir mi experiencia frente al impacto de la poesía montubia tradicional en un tono de gran sinceridad.



Al dificultoso 

Y te me resistes, ¿no?
Te niegas a dictarme tus secretos
No me dejas descubrirte y
las estrategias van quedándose cortas

que sirves para enamorar,
para lisonjear y
que eres todo un coqueto, 
pero a mí ni una copla me lanzas

cruel amorfino del monte,
me tratas como a intrusa o a escopeta
me das de machetazos cuando me pongo a escribirte,
me niegas tus mistelas y entre los ceibos te escondes

no me buscas ni me dejas hallarte
impostora me dices cuando nos vemos,
y ya casi estoy harta de este cortejo,
ni tus montubias son tan duras de seducir

amorfino, 
déjame tenerte un ratito entre las manos
déjame palpar tus bellezas en mi boca,
y así poderte escribir un verso verdadero
de esos que vos engendras en el monte
y que yo trato de parir desde mi puesto 


María Beatriz Haro Carrión 



Referencias de Ale y Dumas:



Documental "Ale y Dumas: uno son dos y dos son uno" de Pocho Álvarez (2008)

El extrañamiento del lenguaje

Es el retorno al concepto básico de la literatura: tomar lo usual y convertirlo en maravilloso. El lenguaje es el nombre de la realidad, no la realidad misma. Es su designación, su modo de llamarla. La literatura pretende tomar el lenguaje y reivindicarlo de su rol cotidiano en el que una casa no es nada más que eso, pero al descubrirla en un poema se torna parte de una unidad ajena a lo ineluctable de lo cotidiano, pero cercana a la verdad de su esencia.

La pipa de Magritte:  la materialización del concepto.


"Esto no es una pipa"

¿Por qué leer es un arte?

"En el Fedro, Platón describe en forma de gran mito la determinación del hombre, su limitación frente a los dioses y su caída en la pesadez terrenal de la existencia corporal y sensible. Nos describe la espléndida procesión de todas las almas, en la cual se refleja la procesión nocturna de las estrellas. Es una especie de viaje en carro por la cumbre de la bóveda del firmamento, bajo la conducción de los dioses del Olimpo. Las almas humanas viajan igualmente en carros tirados por caballos, siguiendo a los dioses, los cuales realizan esta procesión cada día. Arriba, en la bóveda del firmamento, se ofrece a la mirada el mundo verdadero. Y lo que allí se ve ya no es este tráfago anárquico y cambiante de nuestra llamada existencia terrenal, sino las verdaderas constantes y configuraciones permanentes del ser. Y entonces, mientras los dioses se abandonan plenamente a la contemplación de este mundo verdadero, las almas humanas se ven entorpecidas por la desobediencia de sus corceles. Como lo sensible de las almas humanas desconcierta su mirada, sólo pueden echar luego un vistazo rápido y fugaz a ese orden eterno. Mas luego caen a tierra y quedan separadas de la verdad, de la cual conservan sólo un vaguísimo recuerdo." (En La actualidad de lo bello. La Justificación del arte. Hans Gadamer). 
Esta metáfora platónica materializa las diferencias entre los dioses y los hombres, entendiendo por dios a aquel que reconoce lo verdadero, y nos muestra de paso, la torpeza del mortal y del hombre común que después en la tierra, se maravilla por la imagen del dios al que pudo parecerse. El arte, es el medio directo que transporta a los hombres del mundo de las apariencias al mundo de lo real, es la herramienta que nos permite convertirnos en dioses, retornar al descubrimiento de las "configuraciones del ser" y a la plena consciencia de nuestra existencia. Leer es un arte porque se remite a la decisión de entregarse a la labor misma del escritor, es la opción elegida para dar paso al universo latente de un libro, que es una versión oficiada y creativa del entendimiento de la realidad. La literatura transforma porque es leída y por que es escrita, porque el lector complementa la obra y la dota de la interpretación que justifica su existencia.      

http://www.escritores.org

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Acuarela de una Noche

Acuarela de una noche                                                                                                           
Y la lluvia cae, cae profunda y misteriosa sobre las almas de los hombres quienes se entorpecen al sentir las gotas de agua que los perforan, que los quebrantan, que llenan su memoria de nostalgias de un ayer que ya no existe y de un corazón que no es capaz de latir. Entonces se cierran las  puertas de las casas, las ventanas de los salones se clausuran, las sonrisas se guardan por detrás de la tristeza, las manos buscan calor en un cuerpo que no sea el suyo, envolviéndose hambrientas en  la piel de otro, y cuando ya no existen movimientos ni suspiros, él, él que no tiene nombre, se sienta junto a ella y los dos ríen y conversan y se pierden placenteros en su mundo húmedo y gris… sin pensamientos y sin rencores… límpidos y cálidos... sin besos…sin amores.
La lluvia cae. Las palabras brotan y se disuelven en el aliento nublado de los dos amantes, trayendo destellos de locura a sus ojos, trayendo suspiros de ansiedad a sus labios, trayendo de tanto en tanto, lágrimas impensadas y rubores inocentes a sus mejillas de amor. Destellos, suspiros, lágrimas y rubores que se difuminan en cuanto pasa la lluvia, que se transforman en nostalgias del presente que comienza a extinguirse tras cada palabra dicha, palabras que ambos intentan callar para prolongar el instante y sentirlo así como la eternidad. Pero el tiempo se agota en sus diálogos de dioses sin gloria, se superpone y se destruye en sus ecos que devoran sus pensamientos y nublan su razón.  
Ella hermosa. Con una tela de nata bañando su piel de durazno blanco. Con los ojos dormidos sobre campos de mariposas y nardos. Con el cuello sumergido en suspiros de limón, de rosas y de luna menguante. Con el cabello estirado en curvas amorfas que simulan huracanes de risas y de dilemas. Con el cuerpo entregado al ritmo de la caída del agua en el suelo.  Con el alma pegada a la voz del amante cuyo eco le estremece los sentidos. Sonriente y feliz.
Él un dios. Con los pensamientos y las palabras dibujados con una acuarela tétrica por su espíritu. Sin secretos sobre sus movimientos. Sin mentiras suspendidas en su técnica. Sin recuerdos que distraigan su mundo centrado y monopolizado hacia el amor. Plagado en poesía y perdido en su olor de juventud, de luna creciente.          
Siempre que llueve se les ve juntos frente a la chimenea y de lado contra la ventana. Puesto que han hallado en la lluvia su mejor escondite: cuando llueve todo el mundo se esconde, menos ellos, que entonces pueden salir y amarse ocultos en la frontalidad de la desolación. Son dos figuras que se distinguen borrosas a través de los vitrales del salón, nubladas por la lluvia que acelera la llegada de la noche, que viene para hacer de ellos dos fantasmas: el cuadro en movimiento de una acuarela bañada por la lluvia y el amor.  
Sus palabras son imposibles de oír, sus labios inútiles de leer y sus pensamientos más ocultos y lejanos que las historias del Inframundo y de Tánatos. Y misteriosamente cuando se los ve allí, contra las mandorlas de los vitrales, nace el llanto de un violín ardiente cuyas notas explotan al caer de cada gota de lluvia gris. Un violín mortífero. Un violín sacro. Un violín invisible y quizá inexistente, que convierte a la escena en un teatro de artistas mudos, de palabras saltimbanquis, de amores contrariados por quién sabe cual grieta en la sinrazón del ser: en un juego de máscaras y estatuas de piedra que se refugian en la soledad impuesta por la lluvia y el frío y el temor y el placer.
Ella mira al amante que mira a la lluvia que mira la luna que mira el violín que mira a la amante. Y entonces se forma una cadena de telarañas podridas por la inutilidad de las miradas que se transforman en un nuevo ciclo de Sísifo o de Prometeo, sin resultados tangibles, pero maravillosas por lo absurdo de su esencia, que los pierde en las estupideces del amor. Mientras por fuera, las ramas de los árboles chocan desesperadas contra los vitrales del salón, aruñando los vidrios, deformando las imágenes con sus sombras, como pidiendo auxilio pues se ahogan en el silencio que les ha sido impuesto en su creación. Aullando con la sinfonía de sus hojas y bramando con el látigo de su corteza. Y la lluvia comienza a caer más fuerte y entonces ambos saben que se les agota el tiempo, que pronto pasará la tormenta, que todos saldrán de sus casas, que entonces ellos dejarán de ser invisibles, y ante la impotencia de resignarse al retorno tan temido, tiemblan porque quizá sean las últimas frases de la noche, los últimos suspiros, las últimas miradas, y ella, ella sólo agacha la cabeza para romper el ciclo y entonces el amante deja de mirar la lluvia que ya no mira a la luna que no  mira el violín que ya no mira a la amante, y entonces ella sostiene un grito ahogado en la garganta de niebla- de círculos concéntricos infinitos- y lentamente en sus ojos se forman las siluetas de lágrimas plagadas de amor, y él, él lo nota, nota como intenta ella ocultarse bajo los mechones de cabello que resbalan por su frente y sus mejillas y se arrodilla a sus pies, le toma las manos entre las suyas, encerrándolas en una vasija moribunda de pasión, y entonces las besa arrebolado, con los ojos cerrados y con caricias profundas, beatíficas, salidas de sus labios, y ella se queda quieta sin mirarlo, y entonces el violín y la lluvia se enfurecen y retumban más graves, más fuertes en el lugar, explotando con manos de hierro que parecen buscarlos sin saber por qué, y entonces él, él la mira a los ojos y con tan sólo una de sus manos le limpia el rostro del dolor, le acaricia el cuello de limón y lo besa con suavidad, susurrándole palabras sordas y anuméricas que ninguno pudiera describir jamás, y asciende por sus mejillas hasta sentir la nariz que respira caliente y entonces se desliza con suavidad hasta sus labios de miel y canela y carbón y hielo y la besa, la besa con profundidad y timidez y se funden en un sólo momento que concluye en un suspiro que provoca el lento separar de sus labios que se despegan con nitidez. Y al instante se apaga el llanto del violín, y los árboles dejan de rasguñar las mandorlas y la lluvia se extingue en tornados nimios de rocío y viento y frío, y allá, frente a la chimenea y de lado contra la ventana, no queda nadie, no queda nada… todos regresan a su escondite, a sus óleos tiesos y rígidos y de pronto aparece el sol en una esquina de la sala y se ilumina el ajedrez que estaba tendido sobre la mesa y ya no existe más su recuerdo… todos se han ido.  Sólo queda el silencio.    

Reflexiones sobre la Revolución Quiteña de 1809

Este texto obtuvo el Segundo Lugar del Concurso 300 palabras en la categoría Historia- Colegio organizado por Multimedios 106 y la USFQ, cuyo acto de premiación tuvo lugar el 3 de mayo de 2011 en el Teatro Variedades Ernesto Albán. 

 Reflexiones sobre la Revolución Quiteña de 1809

Muy recientemente, las celebraciones patrias ecuatorianas han centralizado su atención en el Bicentenario de la Revolución Quiteña de 1809. Una revolución que fue la respuesta- tardía y paradójicamente oportuna- no sólo al yugo español sino también a las grandes luces francesas. Una revolución pionera que marcó el nacimiento de nuestra sed libertaria, que consagró nuestra personalidad popular y que luchó por darnos independencia. Pero, ¿qué significa ser independiente? Independiente es “quién sostiene sus derechos y opiniones sin admitir intervención ajena”, y claro, en aquella época se alcanzó una-aunque breve-autonomía total, pero, hoy en día, ¿somos verdaderamente independientes los ecuatorianos? No lo somos. Simón Bolívar recita: “más cuesta mantener el equilibrio de la libertad que soportar el peso de la tiranía”. Es esa la realidad. Puede que Ecuador mantenga entre sus muchos títulos, el de libre e independiente, pero en la práctica, vivimos un neocolonialismo: nos han conquistado desde cada ángulo social. Hoy somos dependientes en la moda: nuestros “shoppings” están plagados de marcas extranjeras; en la ciencia: mientras que en “Francia existen 3440 investigadores por millón de habitante”, en nuestra patria existen encabezados que rezan: “Instituciones ecuatorianas están en déficit en el campo de la investigación científica”; somos dependientes en la economía: “las remesas de los migrantes (…) constituyen el segundo rubro de ingresos nacionales”; somos dependientes en el arte: "Hollywood produce 600 películas al año", mientras "Ecuador produce 53"; somos dependientes en la educación, la cultura y hasta la religión. Pero es tiempo de cambiar: la mejor celebración que podemos rendirle al Bicentenario radica en la reivindicación de nuestro etnocentrismo invertido, en vivir la independencia que alcanzaron nuestros héroes, en sentirla, experimentarla, honrarla y practicarla. No permitamos que el esfuerzo de toda nuestra genealogía de líderes quede sepultada: revolucionémonos y convirtamos               –finalmente- nuestro título de Independencia en una realidad.
Fuentes
http://buscon.rae.es/draeI/
http://www.un.org/esa/population/meetings/IttMigLAC/P02_AAcosta.pdf
es.wikiquote.org/wiki/Simón_Bolívar
http://noticias.universia.net.mx/tiempo-libre/noticia/2010/06/15/269131/mexico-vs-francia.html 
http://ecuadorinmediato.com/index.php?module=Noticias&func=news_user_view&id=96679&umt=instituciones_ecuatorianas_estan_en_deficit_en_campo_investigacion_cientifica
www.revistamilmesetas.com/hollywood-los-monopolios-y-la-caida-del-cine-mexicano
www.ahoraenquito.com/.../1509-record-en-la-inscripcion-de-produccion-ecuatoriana-para-los-edoc-2011.html

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